Este tema lo saqué a relucir en clase, a mis alumnos de recursos humanos de tercero. La verdad es que muchos no supieron que contestar y se liaron bastante

La cosa no es tan complicada si partimos de que:

· Compromiso es una obligación, un deber un obligarte a algo o con alguien. Estar comprometido es estar vinculado.

· Motivación, como dice mi buen amigo José Ballesteros, es motivos en acción. Qué me mueve a ponerme en acción

Luego, con estas dos premisas ya podemos observan que el compromiso es algo más profundo, superior, precisamente puede actuar como impulso como motivo para ponernos en acción. El compromiso lleva implícito una motivación interna o transcendente.

Por lo tanto el compromiso nos impulsa nos mueve a la acción, en definitiva nos motiva. Así, que impulsa, que motiva, a una chica que se ha quedado embarazada a dejar de fumar y de beber. Pues el compromiso que siente con el nuevo ser que lleva dentro. Ese compromiso con esa nueva personita es lo que motiva a la embaraza a cuidarse de su salud.

De igual forma que motiva a un alpinista a subir 8.000 metros. Pues el compromiso consigo mismo, el reto y la obligación que para con él se tiene de superación. Eso es lo que hace que se ponga en acción y que paso a paso, pasando penalidades, suba 8.000 metros

Lo mismo debería ocurrir en la empresa. Qué puede impulsar a un trabajador a que dé lo mejor de sí mismo, a que se forme, a que participe, a que tenga interés por el trabajo bien hecho. Pues el compromiso que pueda tener con su trabajo (le gusta, le entusiasma, le hace crecer) y el compromiso que pueda tener con su empresa (tiene buena imagen, hay buena cultura, hay buen trato con las personas, buen clima laboral). Si aparece eso, que es más fuerte que el dinero, el trabajador tendrá motivos (se sentirá motivado) para poner lo mejor de si mismo, como persona y profesional, en el ejercicio de su trabajo

Luego, observamos que el compromiso es un “vinculo” clave en la motivación. Ejerce de fuerte impulsor. Podemos afirmar que siempre que hay compromiso habrá motivación.

Al revés ya no es tan cierto.La motivación no necesariamente lleva al compromiso. Pueden existir motivaciones débiles de poco o nada compromiso. Tales son la mayoría de las motivaciones externas, o pueden serlo. Así nos podemos poner en acción, nos motivamos, por dinero, por lujo, por envidia, por pasiones oscuras, por odio o por ambición. Todos estos elementos que duda cabe que pueden impulsar a las personas a actuar, a ponerse en acción. Pero no cabe duda que crean una “débil obligación”. Cuando aparezca más dinero, o la envidia sea mayor hacia otro, o cuando el odio cambie de dirección, también nuestras acciones cambiarán. Habrán cambiado las motivaciones.

Diremos que la motivación persiste en una dirección cuando hay auténtico compromiso. Cuando la obligación (para conmigo, con el otro, o con lo otro) es fuerte y duradera. Tiene objetivos constantes y permanentes. Esto deberían aprenderlo las empresas.

No se trata de motivar, sobre todo con elementos externos (dinero, ascensos, estos son elementos necesarios, pero de baja intensidad, cuando aparece otro que da más nos vamos con él) sino de comprometer a la persona con su trabajo y con su empresa

¡Ah! Y como se hace esto. No es sencillo, pero tampoco imposible. ¿Están las personas contentas en su trabajo? ¿Están en el trabajo adecuado para sus capacidades? ¿El perfil del puesto es el idóneo?¿Hay un clima acogedor?¿Hay ausencia de jefes tóxicos?¿Es honesta mi empresa, con los clientes, los proveedores, los empleados?. En fin estas y otras muchas preguntas más, sus respuestas, ayudarían a las empresas a crear espacios de compromiso, que créanme, salen menos caros y son más rentables que las simples motivaciones externas.