Si bien decimos que la confianza y motivación deben estar, residir en uno. De no ser así, si uno no se considera capaz de hacer algo difícilmente lo emprenderá. No por ello dejamos de reconocer que también es muy importante la motivación y confianza de los otros.

Dos ejemplos, de esos de cine que a mí me gustan:

1. La archiconocida obra cinematográfica de George Cukor de 1964, titulada My Fair Lady, que a su vez está basada en una obra de Bernard Shaw, quién a su vez la recrea a partir de su propia obra Pigmalión enlace publicada en 1912. En My Fair Lady podemos contemplar como el profesor Higgins (Rex Harrison) es capaz de transformar, primero por una apuesta, y después por amor, a una persona desgarbada, sin gracia, sin talento (Eliza Doolittle, papel interpretado por Audrey Hepburn), en una dama de alta sociedad, con los hábitos modales e incluso fonética de la época. La confianza, el amor al otro, el creer en el otro, son los que obran el aperente milagro. Insuflan a Eliza la fuerza suficiente para recorrer el largo y dificultoso camino, de ser una persona anodina a ser todo un ejemplo de los modos y formas de la época

2. El otro ejemplo lo encontramos en la película “El Reino de los Cielos”. Película de Ridley Scott de 2005. En un momento de la misma hay una escena en la Balian (Orlando Bloom) nombra caballeros a un conjunto de desarrapados y poco voluntariosos guerreros, a fin de insuflarles fuerza y confianza para lucha contra el infiel. Cuan acaba de nombrarles caballeros, el Patriarca le pregunta a Balian:

__ quién creéis que sois, vais a cambiar el mundo, por armarles caballeros van a luchar mejor.
__Balian responde con un escueto pero seco y afirmativo si

La creencia de Balian ante un puñado de desarrapados, su confianza en ellos, es lo les da fuerza para luchar contra un número de contrarios muy superior y poner el máximo empeño en la lucha.

Hay unas fases en nuestra vida en la que la confianza de los otros, el apoyo de ellos, sobre nosotros es clave y crucial. Podemos citar las siguientes:

1. En la infancia. La confianza y el amor de nuestros padres es crucial. El reforzamiento positivo que ellos pueden hacer de nuestro comportamiento es tremendamente valioso para que a su vez nos creamos que podemos hacer cosas. Aquí en esta etapa los primeros profesores juegan un papel similar.

2. En la etapa universitaria o de estudios superiores. La confianza y motivación que pueden aportar los profesores será crucial, tanto para concluir los estudios, como para encontrar un camino en la vida y enfocar nuestro desarrollo profesional.

3. En la confección del círculo de relaciones. El encontrar amigos que nos apoyen, crean en nuestras ideas, en nuestra conducta, es un arma valiosa para reafirmar nuestra propia personalidad.

4. En el trabajo, o al menos en los primeros trabajos. El dar con superiores que confían en nosotros, nos encargan poco a poco tareas de responsabilidad, nos ira formando en el difícil aprendizaje de la toma de decisiones.

Así pues, es importante la autoestima, lo que nosotros nos queramos y confiemos en nosotros mismos, pero las ayuditas externas no vienen nada mal. Cuantas veces, un ser humano, un profesional, al volver la vista atrás, tiene que decir aquello de “que suerte que me tope con fulanito o fulanita de tal, me ayudaron, confiaron en mí, me hicieron crecer como persona, ser humano y profesional”. Tal vez si no te hubiera topado con fulanito no estarías, ni serias el que eres.