Estancados en capital tecnológico
El informe mensual de julio-agosto 2006 publicado por La Caixa enlaceevidencia síntomas preocupantes del estancamiento de nuestra productividad.
Somos un país que sigue creciendo en capital humano, fundamentalmente en mano de obra no cualificada o de cualificación media baja y en sectores de poca competencia interior (construcción y turismo).
Según revela el mencionado informe nuestra economía ha creado en el periodo 1998-2005 casi cuatro millones de nuevos empleos, pero nuestra productividad se deteriora. La productividad crecía a un ritmo del 2,18% en el periodo 1980-1994 y ahora lo hace al 0,46%, en el periodo 2001-2004.
Ciertamente hemos crecido en acumulación de capital público y en acumulación de capital humano, medido este en términos de población en edad de trabajar que están en posesión de estudios superiores, pero no así en acumulación de capital tecnológico. Según el citado informe, en 2003 las cifras de capital humano se aproximan al 90 % de la Europa de los 15 y el capital público supera el 80% de la Europa de los 15, mostrando tendencia creciente desde 1992. Pero no sucede lo mismo con nuestro capital tecnológico, el cual supera ligeramente el 50% de la Europa de los 15, y muestras síntomas de estancamiento desde 1998.
Tal como revela el informe nuestra productividad presenta síntomas de desaceleración alarmante desde mediados de la década de los 80.
La conclusión que se saca del estudio no es muy gratificante. Se crece por el hecho de que aplicamos más personal. Es decir producimos en términos de volumen unas cifras respetables que nos hacen estar entre los países desarrollados, pero lo hacemos a base de poner más personas a producir. Ello significa que:
• No aplicamos tecnologías e innovación o lo hacemos de una forma no correcta
• Qué lo que producimos, por el bajo grado de innovación e incorporación de tecnología puede ser fácilmente externalizable o trasladable a países de más bajo coste
• Qué seguimos compitiendo por precio y no por calidad
• Qué nuestros productos y servicios no se reconocen por la calidad, la innovación, la inteligencia aplicada, sino por lo baratos que son y por la poca complejidad “innovadora” que llevan
Las causas de todo esto no es fácil encontrarlas y menos aún ponerles remedio. Pero podemos apuntar a las siguientes:
• Un tejido empresarial, que no olvidemos esta formado en su inmensa mayoría por pequeñas empresa, que adolece de prácticas de mangement modernas y actuales
• Un tejido empresarial poco dado a innovar
• Un tejido empresarial “lerdo” en la utilización de las tecnologías de la información. Poco desarrolladas e integradas en los procesos de trabajo. No olvidemos que las empresas adquieren más hardware que software
• Un tejido empresarial poco dado a investigar antes de actuar
• Un tejido empresarial que tiene todavía estructuras organizativas muy apoyadas en los principios tayloristas
• Una economía, como he dicho antes, centrada en sectores de baja competencia del exterior, tales como son construcción y turismo. Aquí no vienen otras empresas foráneas a competir en nuestro terreno en esos dos ámbitos.
• Unos gobiernos demasiado dados a mirarse el ombligo y a centrarse en “temas demasiado políticos” y a dejar que la economía siga su rumbo. Sin fomentar auténticos debates sobre que quiere ser España en el 2025. Qué tipo de país y por lo tanto qué tipo de economía quiere ser. A favorecer el desarrollo de una nueva marca España. Por cierto, al respecto, fueron demoledores los tres monográficos dedicados por El País (19 a 21 de junio 2006) en relación al “made in Spain”
• Por último, y ni mucho menos, menos importante, un sistema de enseñanza, a todos los niveles, que sigue formando en el ejercicio de prácticas pasadas, poco acto para fomentar: el intercambio de conocimientos, la interdisciplina, el desarrollo de habilidades más propias del siglo XXI que del XIX, el trabajo en equipo y la movilidad de los estudiantes.
Resulta, a mi entender, indudable que después de la crisis de las tecnológicas en el 2000, la economía de los países desarrollados ha estado y está buscando nuevos modelos de competencia. Nuevos modelos que creo que van a empezar a dar sus frutos antes del 2010. Es muy posible que antes de esa fecha asistamos a cambios importantes en la forma y modo de cómo las empresas van a estructurar y dibujar sus formas de funcionamiento, por otra parte muy asentadas en el capital innovación. ¿Podremos engancharnos a ese tren? Lo veo difícil

Fernando Giner. Dr.en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Alcalá. Profesor en el área de Dirección de Empresas en la Universidad de Alcalá. Dilatada experiencia como directivo en empresas bancarias, industriales y de consultoría. Compagina la docencia con la actividad consultora en empresas en materias de: organización, gestión del cambio y del conocimiento, información para la gestión, cuadros de mando y las tecnologías de la información. Autor de diferentes libros, numerosos artículos y conferenciante habitual. Su línea de investigación es la información en las organizaciones, la sociedad de la información y las tecnologías.Director del curso, Titulo Propio de Experto, en Dirección y Gestión de la Información y sus Tecnologías:diseño y desarrollo de los sistemas empresariales de información, organizado por la Universidad de Alcalá y Global Estrategias