El partido España-Francia, una lección de gestión empresarial
Ayer asistimos a un espectáculo que se da frecuentemente en nuestras empresas. Un equipo de jóvenes promesas enfrentado a un equipo de viejas glorias. Vamos la juventud contra la madurez. Resultado, a la vista de todos se pudo comprobar, un sonoro baño por parte de los “maduros” a los jóvenes.
Es una actitud bastante frecuente de nuestro mercado laboral el desterrar a aquellos que han cumplido una cierta edad, pongamos los 50, y sustituirlos por jóvenes, cargados de formación, masteres e ilusiones. Se considera en nuestro mercado laboral que la persona que tiene los 50 o más es una persona caduca, obsoleta, incapaz de aprender y por lo tanto de escasa valía para la empresa. Craso error, como pudo comprobarse ayer. Se envía a la jubilación forzosa o al paro a la “experiencia”.
El aprendizaje que proporciona la vida real, sus trampas y sus miserias, no proporciona ninguna universidad ni ningún master. Es obvio que una formación es necesaria, los jugadores de la selección francesa la atesoraban en cantidad, pero también es necesario el aprendizaje que da el vivir circunstancias y situaciones diversas, conflictivas o gratificantes. Y de eso la selección francesa también sabía un rato. Al igual que ocurre con aquellos de 50 años o más. Las han visto, como diríamos de todos los colores. Mientras que los “chicos” que llegan, muy formados eso si, pero solo han visto los problemas, las encrucijadas de camino, en el papel. Y claro pasa en muchas en empresas lo que paso ayer sobre el terreno de juego.
Se hacen planes incorrectos, se toman decisiones equivocadas, no se medita, no se tienen referentes anteriores de situaciones parecidas. Por lo tanto se pierde el partido, o lo que es lo mismo se toman decisiones que ponen a la empresa en situaciones críticas, que muchas veces se quieren arreglar siguiendo jubilando a la experiencia.
En el terreno de juego al igual que en la empresa la experiencia es necesaria. Tiene que haber un equilibrio, entre aquellos que llegan cargados de visiones e ilusiones y aquellos que “ya están un poco de vuelta de todo”. Estos últimos son muy necesarios para poder poner sosiego, reflexión y ejemplificación.
Ya lo dice el refrán más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y ayer la experiencia se cobro su precio sobre la juventud y la no experiencia. Igual que ocurre en las empresas cuando se procede a sustituir, sin más razón que la edad, a bregados directivos por jóvenes inexpertos. La ilusión y las ganas se pueden quedar en flor de un día, por no haber base sólida, con experiencia probada para la toma de decisiones

Fernando Giner. Dr.en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Alcalá. Profesor en el área de Dirección de Empresas en la Universidad de Alcalá. Dilatada experiencia como directivo en empresas bancarias, industriales y de consultoría. Compagina la docencia con la actividad consultora en empresas en materias de: organización, gestión del cambio y del conocimiento, información para la gestión, cuadros de mando y las tecnologías de la información. Autor de diferentes libros, numerosos artículos y conferenciante habitual. Las línea de trabajo e investigación son los sistemas de información, la transformación en las organizaciones con apoyo de las TIC y el cambio organizacional a través de la transformación de los RRHH. Direge varios programas de formación con Título Experto de la Universidad de Alcalá, tales como Programa ERP/SAP (RRHH y Finanzas), Programa Business Intelligence y la Gestión del Conocimiento y Programa de Dirección Eficaz de Personas en la Empresa
Daniel Moya dijo
Completamente de acuerdo. ¿Y no crees que debería haber un intercambio entre las dos generaciones (o las que estén implicadas) para aprovechamiento de ambas partes?
¿No deberían los mayores transmitir esa experiencia? ¿No deben las generaciones venideras mostrar a la vieja guardia las posibilidades que las novedades permiten?
28 Junio 2006 | 11:10 PM