Las agresiones físicas pueden dejar moratones pero las psicológicas dejan huellas perennes en el interior de difícil cura y de consecuencia a veces terribles, pueden conducir al suicidio.

¿Y eso por qué? La razón es sencilla, nuestra personalidad se compone de:

Aspectos cognitivos, que se corresponden con nuestro profundo ser, y se forman y enriquecen de las experiencias vividas y por lo tanto de las influencias recibidas en nuestra conducta, desde la familia, el ámbito escolar, los amigos, el entorno de trabajo y un largo etc.

De la autosuficiencia y la autoestima. La primera tiene que ver con la seguridad en si mismo, y por lo tanto lo convencido que uno está para enfrentar los problemas, las actividades, los cambios y los retos. La autosuficiencia en un motor de la motivación interna.
La segunda, la autoestima tiene ver con el concepto que tenemos de nosotros mismos, cuanto nos queremos. Si las experiencias vividas nos han sido positivas la autoestima estará alta.

Tanto la autosuficiencia como la autoestima se alimentan la una a la otra, tanto en sentido positivo como en negativo. Los éxitos, la superación de las metas y objetivos refuerzan nuestra autosuficiencia y por lo tanto nuestra estima. Y a la inversa.

Por lo tanto el maltrato psicológico ataca a una parte vital de nosotros, ataca a la autoestima y a la autosuficiencia. Un entorno que continuamente nos cause agresión recordándonos los errores cometidos, lo mal que hacemos las cosas, lo inútil que somos, nos provoca una retroalimentación en la autosuficiencia y en la autoestima de sentido negativo. Si la agresión es prolongada, ambos factores autosuficiencia y autoestima se irán alimentando negativamente, irán presentando gradientes de muy bajo nivel, hasta llegar posiblemente a una solución final.

Obviamente la agresión psicológica no habrá dejado marcas externas pero sus efectos en quién la recibe serán demoledores. Pueden ir desde una consideración muy baja de uno mismo, - no sirvo para nada – lo cual castrará totalmente a la persona para emprender cualquier actividad, por muy sencilla que sea, hasta soluciones de no retorno, como pueden ser el suicidio.

Así que mucho cuidado con el trato y la consideración que hacemos de los demás. Podemos estar agrediendo su “persona” de una forma mucho más grave que aquella otra que proviene de un de un acción física agresiva.